Me llamo Patricia, tengo 24 años y soy prácticamente licenciada en periodismo. He estado trabajando como becaria por el periodo de 3 y 9 meses respectivamente en, quizá, las dos empresas de comunicación más prestigiosas del país. Y me dispongo a comenzar el mes de septiembre de 2011 con más pena que gloria. Sin trabajo, sin prácticas, sin contrato estable de alquiler. (Mal) viviendo en una casa (habitación) mucho, (pero mucho) más pequeña que donde vivía antes. Eso sí, me he mudado a la urbe. Y con la reforma de la ley bajo el brazo, tengo una gran esperanza. En ella se dice que una persona no podrá mantener la condición de ‘becario’ más allá de los 30 años.
Pues bien, haciendo una sencillísima resta, me quedan, al menos, seis años en los que si encuentro trabajo de lo mío, dícese en algo relacionado con el periodismo, estaré cobrando en el mejor de los casos una media de 350€ al mes. Bienvenida sea esta gran independencia económica con la que podré ahorrar, pagar la entrada para un piso en pleno centro de Madrid, pagar mis facturas de gas, agua, luz, teléfono, internet… ir a hacer la compra diaria al súper de El Corte Inglés en vez de ir al Día, e incluso poder comprar un mastín alemán para que salvaguarde de ladronzuelos mi casita de la sierra. Y todo eso con la nada desdeñable cantidad de 350 euros de mi sueldo de becario hasta que llegue a la treintena. Y si me organizo bien, hasta me sobra para poder pasar un fin de semana al mes en la playa.
Ah, perdón, ¿Que no puedo hacer todo eso con mi sueldo de becario?
Es decir, que si en realidad mi vocación no está tocando fondo y de verdad quiero intentar (o jugar a) ser periodista tengo que pasarme los próximos seis años viviendo, aún, bajo la tutela de mis padres, compartiendo piso. Sin tener un futuro claro, sin poder tener la posibilidad si quiera de pensar en tener una pareja o crear una familia.
Se comenta por los pasillos de las universidades que las empresas, al final, acaban contratando a los becarios que hacen las prácticas bajo su regazo. ¿Será verdad o mentira? Pero también se comenta que son demasiadas las empresas que les piden a su becario, que está a punto de licenciarse, que al menos se deje alguna asignatura sin aprobar, para así poder seguir contratándole, es decir, renovándole el contrato de becario.
Es decir, cuentan con él, pero ni mucho menos le han hecho un contrato de verdad, de esos en los que te dan de alta en la seguridad social o con el que pudieras contar con la ayuda de los 210 euros del gobierno para las viviendas en alquiler. O de esos en los que te hacen fijo y si un día quieren despedirte tienen que abonarte un finiquito y tú tienes que ir todos los meses a fichar al paro y cobrar un subsidio. No. Le hacen un contrato, quizá, de tres en tres meses o bien de seis en seis meses. Sin derecho a vacaciones o días libres. Trabajando las mismas horas que un empleado fijo normal de la misma empresa, o, incluso más horas si cabe.
Es decir, que hasta los 30 años somos mano de obra barata, demasiado barata diría yo.
1 comentarios:
Has descrito a la perfección la situación en la que por desgracia nos encontramos muchos jóvenes menores de 30. Que tengas suerte en tu cruzada...
Publicar un comentario en la entrada