Tu cintura es pequeña, morena y suave.
De la suavidad de tu cuerpo están emborrachadas las yemas de mis dedos; y mis manos, que se empapan con tu olor haciendo que yo, horas después y sin darme cuenta, esté siempre con los codos sobre la mesa oliesqueándome las manos, las pequeñas partículas que aún queden de él después de un día ajetreado.
Me gusta tu cintura, abrazarte desde atrás y poner mis manos a cada lado de tu cintura deslizándolas por tu cadera hasta casi desembocar en las aberturas de los bolsillos de tu pantalón. Vaquero y desgastado, elegante y sexy a un mismo tiempo.
Me gustan las noches de insomnio veraniegas provocadas por el calor. Insoportable en muchos casos, pegajoso y hasta sucio. La persiana alzada y la ventana abierta de par en par. Me gusta verte dormir así. Hecho un cuatro con las manos juntas debajo de la cabeza.
Algún día entenderás que mis ojeras no son porque esté pasando una mala racha o porque no logre dormir con tanto calor. Sino que mi afición favorita es mirarte mientras duermes. Ver tu cuerpo semidesnudo alumbrado ténuemente por la luz de la calle que entra por la ventana. Esa luz hace que tu cintura parezca más suave, más delicada.
Un juego de luces y sombra que me gustaría retratar algún día.
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