Mimetizarse. Habilidad para asemejarme a otro ser que no guarda ninguna relación conmigo; al menos aparentemente. Pero no por camuflarme o esconderme. Camaleonizarme para sintetizarme visual y anímicamente contigo. Cada día más similares, trazando paralelas. Sin ninguna perpendicular que nos intercepte y que estropee nuestro camino infinito hacia adelante. Creando autopistas, nuestra Ruta 66 particular. Ajustando las manecillas del reloj a nuestro antojo. Y añadiendo y quitando hojas del calendario sin ningún orden. Siempre avanzando sin poner freno aunque de miedo.
No soy tuya ni tú eres mío. Sino que hemos echado raíces y arraigado. Yo soy parte de ti, y tú parte de mí. Cuando me abrazas fuerte tus dedos se clavan en mi espalda; y los míos en tu cadera. Se clavan y se funden en tu piel, en mi piel. Por eso ya tampoco somos dos. Tú con mi ropa y yo con la tuya. Compartimos calor, sueños, plantas, luces y sonidos, gula, lujuria, almohada... Y un sinfín más. Miméticos. Histéricos. Polifacéticos. Terapéuticos. Sintéticos.
Me hablas sin hablar cada mañana. Recostado de lado en la cama. Con palabras que salen de tus ojos. Yo entiendo todo lo que me dices. Lo proceso mirándote fijamente a los ojos y sin palabras me dices que no me preocupe por nada, sonriéndome y atusándome el pelo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada